Quisiera controlarlo.

Controlarlo para que en la madrugada no se coma la comida de todos.

Contralarlo para que no me ataque verbalmente diciendo que soy la mujer más fea del mundo, la más pendeja, la más… etc.

Controlarlo para que no asuste a su hermanitos y ellos pudieran seguir gozando de sus mejores años estudiando y riéndose.

Controlarlo para que dejara de orinar en el lavabo del baño.

Controlarlo para que dejara de estar eternamente acostado.

Controlarlo para que deje de reírse en la madrugada.

Controlarlo para que tome el medicamento.

Pero no puedo:

Intenté internarlo en el Instituto Ramón de la Fuente, y cuando ya teníamos su Hoja de Ingreso, firmó que NO se dejaba internar.

Lloré, lloré y lloré…

Pensé que al fin en un instituto serio, con especialistas lo iban a “controlar”, a realizar estudios y más estudios: tomografías, ultrasonidos, análisis de sangre, orina, riñones, páncreas. Pero no sin su firma, no puede internarse.

El diagnóstico es: “paciente crónico”.

Lleva mal medicado desde que inició la enfermedad. Con hospitalizaciones interrumpidas, con medicamentos interrumpidos, con desapego a la posología…

Le contesto, David Pablo. Yo no lo conozco a usted, pero lo que le dijo es que si tiene hijos sanos, disfrútelos, abrácelos y quiéralos mucho.  Llévelos a donde les guste ir: una alberca, una playa, un bosque o río. No los controle. Déjelos ser libres, y ello sabrán elegir entre el cielo y el infierno.

Alégrese de poder saborear una congelada, una torta o unos 5 tacos al pastor. Ríase con ellos y sienta la inmensa alegría de tenerlos en la escuela, preparándose para ser personas buenas, trabajadoras y generosas.

p.d. Lo menos que tengo o me considero es “cobarde” (como usted firma su texto). Soy la mujer más valiente que usted pueda conocer, se lo aseguro.

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