El Rosario
El Rosario
Papá puso a rezar un misterio del Rosario a cada una: Claudia, Gina, mi tía María, Alejandra (no quiso, no podía), Marcela comenzó, pero como no le salían las palabras, se puso a llorar; Paola (antes Gaby) parada a un lado del féretro sólo miraba a mi tío: ella fue la que más lloró. Entonces dijeron: ¡que Raquelito lo rece”. Yo voltié a ver a mi Raquelita, pero no, se referían a mí. Y así, tuve el honor de “dirigir” un misterio del Rosario para mi tío.
La Misa
Abuelita Vicentita le enseñó al Beto y a todos sus hijos a rezar: a pedir el sacerdote para poner los Santos Óleos. Preparar la Confesión. La Comunión. Todo para estar “bien” con Dios. Luego, le enseñó a dirigir el Rosario y a tener un sacerdote para la Misa de cuerpo presente. Todo listo. Todo en su lugar. El agua bendita. Las flores. Los kleenex. Las lágrimas. La esperanza en la resurrección y el sentido cristiano de la muerte.
Ludi entonó las canciones (en 2 o 3 estrofas esperaba que el “coro” supiera qué decía la canción), pero aun así todos las cantamos.
El sacerdote dio una homilía inolvidable: explicó que un grano que “no muere” no da frutos. Que Dios nos creó para la eternidad.
Ahí estaban mis 5 primas. Todas como siempre muy guapas. Me di cuenta que cada quien procesa su duelo de diferente manera. Todas tristes pero contentas porque se fue “preparado”.
Recuerdo a mi tío muy sonriente. Gracias Tío Roge. Dios te recibió hoy en su Reino.
p.d. En el Curso de Tanatología, dicen que uno “muere como vive”. Mi tío murió rodeado de cariño de mis 5 primas y de mi tía María. Todas le proveían algo.
Papá puso a rezar un misterio del Rosario a cada una: Claudia, Gina, mi tía María, Alejandra (no quiso, no podía), Marcela comenzó, pero como no le salían las palabras, se puso a llorar; Paola (antes Gaby) parada a un lado del féretro sólo miraba a mi tío: ella fue la que más lloró. Entonces dijeron: ¡que Raquelito lo rece”. Yo voltié a ver a mi Raquelita, pero no, se referían a mí. Y así, tuve el honor de “dirigir” un misterio del Rosario para mi tío.
La Misa
Abuelita Vicentita le enseñó al Beto y a todos sus hijos a rezar: a pedir el sacerdote para poner los Santos Óleos. Preparar la Confesión. La Comunión. Todo para estar “bien” con Dios. Luego, le enseñó a dirigir el Rosario y a tener un sacerdote para la Misa de cuerpo presente. Todo listo. Todo en su lugar. El agua bendita. Las flores. Los kleenex. Las lágrimas. La esperanza en la resurrección y el sentido cristiano de la muerte.
Ludi entonó las canciones (en 2 o 3 estrofas esperaba que el “coro” supiera qué decía la canción), pero aun así todos las cantamos.
El sacerdote dio una homilía inolvidable: explicó que un grano que “no muere” no da frutos. Que Dios nos creó para la eternidad.
Ahí estaban mis 5 primas. Todas como siempre muy guapas. Me di cuenta que cada quien procesa su duelo de diferente manera. Todas tristes pero contentas porque se fue “preparado”.
Recuerdo a mi tío muy sonriente. Gracias Tío Roge. Dios te recibió hoy en su Reino.
p.d. En el Curso de Tanatología, dicen que uno “muere como vive”. Mi tío murió rodeado de cariño de mis 5 primas y de mi tía María. Todas le proveían algo.
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