Abrieron una puerta...

Abrieron una puerta y de pronto escuché: “MAMÁ, MAMÁ”. Es Juan Pablo, vestido de un pants azul que le combinan con sus lentes, también azules. Venía regresando de un taller en donde los ponen a hacer actividades.
- Juan Pablo, ve con los doctores… 
- MAMÁ POR FAVOR, PERDÓNAME. Sácame de aquí me tienen sedado.
- Hasta que los doctores te den de alta, te llevo a la casa.
- MAMÁ POR FAVOR, PERDÓNAME.
- Levántate, no te hinques.
- MAMÁ POR FAVOR, PERDÓNAME…
Siento que mi corazón se parte en 2 y queda desgarrado como trapo. Llegan 2 enfermeros y  toman a Juan Pablo de los brazos y lo meten a su pabellón.
Juan Pablo desde adentro, no deja de gritarme: MAMÁ, MAMÁ…
Me escondo detrás de una pared y la gente me mira. Comienzo a llorar. Se acerca una señora y me dice: “Déjelo, no lo saque. Se lo van a entregar perfectamente estable”. No me podía mover de ese lugar, porque estaba haciendo fila para pasar con el psiquiatra para que me dé el Informe Médico.
Volteo a ver a la señora con cara de: “Por favor ya cállese. No le pregunté nada. No me hable”. La señora no deja de hablar y contarme de su hijo, cuando se callaba, comenzaba a hablar la hermana. Yo mirando por la ventana, sintiendo un poco de aire fresco y las señoras “aconsejándome” no sé qué tantas cosas…
Todavía me faltaba ir a pagar la estancia y los análisis que le hicieron a Juan Pablo, ir al Banco, y luego subir los documentos pagados a Trabajo Social.
Juan Pablo tomó una silla y se sentó desde dentro del pabellón para ver si “yo pasaba” por el pasillo.
Para entregar los documentos a Trabajo Social tenía que cruzar el pasillo y seguramente me vería. Llevaba un rato esperando, pensando cómo cruzar sin que me viera, escuchando su voz y entonces crucé porque ya era demasiado tiempo.
Sigo recordando su cara. Siento todavía su mano en mi antebrazo y su mirada suplicante.

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